Apoyá el molde para hacer ladrillos (que es la estructura de cartón blanca) sobre una hoja. Es ideal cubrir la mesa donde vas a trabajar para evitar que pueda mancharse.
Disolvé el polvo base (que viene en el sobre blanco) en 200 cm de agua. Podés utilizar cualquier recipiente ya que es totalmente lavable y no es tóxico.
Revolvé por lo menos durante un minuto, hasta que te quede una consistencia similar a la de la sopa crema o una mouse. Si notás que la masa está muy espesa (no recomendable) agregale un poco mas de agua. Si por el contrario te parece que está demasiado líquida, revolvé un rato más ya que comienza a secar enseguida.
Con una cuhara sopera, comenzá a volcar la masa en el molde de los ladrillos.
Cuando esté completamente cubierta, que no quede ningún lugarcito sin llenar, pasale una espátula para que quede bien parejo y al ras (ya que esto le va a dar la altura a los ladrillos). Es conveniente tomar la hoja por los 2 bordes de abajo y golpear un poquito el molde cubierto, para que si quedaron burbujas puedan salir.
Cubrí la estructura completa con otra hoja blanca, como si fuera un sandwich, para darla vuelta y poder rellenar lo que falte del otro lado.
Alrededor de 15 minutos después, podés comenzar a desmoldar los ladrillitos. Para eso es importante romper el molde y no empujar el ladrillo hacia arriba o abajo, para que no se deformen. Pueden pasar días o semanas antes de desmoldarlos.
Si te queda un pedacito blanco de papel en alguna cara del ladrillo, retiralo.
Lo ideal es romper de a pedazos, como si fuera un chocolate que hay que compartir. Ya estás en condiciones de armar tu diseño y ponerte... ¡Manos a la Obra!.Si el diseño que elegiste lleva mas de un polvo base, preparalos de a uno y no mezcles varias bolsas ya que la masa seca rápido y le podés cambiar las condiciones.





















